martes, 17 de febrero de 2015

OREMOS...

Oremos por los 21 cristianos egipcios ejecutados por ISIS. Las autoridades coptas ya confirmaron las identidades de estos nuevos mártires. Recemos por su descanso eterno, pidamos consuelo para sus familias y por la conversión de sus asesinos.

La educación es un antídoto contra la desigualdad

article entreculturas
Valeria Méndez de VigoLa educación es el gran motor del desarrollo personal. Es a través de la educación que la hija de un campesino puede llegar a ser médico, que el hijo de un minero puede llegar a ser el jefe de la mina y que el descendiente de unos labriegos puede llegar a ser el presidente de una gran nación. Nelson Mandela
Las palabras de Mandela son hoy más actuales que nunca. Y es que la función decisiva que tiene la educación en el desarrollo individual y colectivo de las personas y los pueblos está ampliamente demostrada y es especialmente relevante en un momento como el presente,  en  el que el debate sobre la desigualdad ha entrado de lleno en las agendas  públicas. El 8% de la población más rica del mundo posee el 50% de los ingresos a nivel mundial,  mientras que el 92% comparte el restante 50%[1].  1200 millones de personas viven con menos de 1,25 dólar al día, y 175 millones de jóvenes de países de ingresos bajos y medio bajos son incapaces de leer una oración o parte de ella.
Si bien  la desigualdad ha existido siempre, sobre todo en los países más empobrecidos, en los últimos años se ha acrecentado de manera notable en Europa y Estados Unidos, también como consecuencia de la crisis económica y financiera. Tal y como denuncian numerosas instituciones, en la mayoría de los países desarrollados, la brecha entre ricos y pobres es la más alta de los últimos 30 años. Hoy la desigualdad es un grave problema en casi todos los países del mundo.   
La desigualdad genera inequidad en el acceso a la educación, pero también sucede al contrario: la ausencia de educación o una educación de baja calidad es generadora de pobreza y desigualdad. Los niños y niñas que no pueden desarrollar su potencial a través de la educación ven condicionado su futuro, viéndose condenados a una situación crónica de pobreza y exclusión.  Son niños, y sobre todo niñas, de familias pobres, en zonas rurales, en países en conflicto, en situación de refugio o desplazamiento, con necesidades educativas especiales, entre otros colectivos.
En septiembre de 2015, la comunidad internacional deberá ponerse de acuerdo para establecer la nueva agenda de desarrollo para los próximos 15 años. La nueva agenda deberá estar protagonizada por la lucha contra la desigualdad, con la educación como uno de los pilares fundamentales para combatirla.
Porque, efectivamente, además de un derecho, la educación es la herramienta fundamental para promover la movilidad social y multiplicar las oportunidades de desarrollo, de forma equitativa, de todas las personas.
Pero para que esto sea así, es necesario que la educación sea de calidad, inclusiva y equitativa, dado que, en caso contrario, lo que hace es reproducir las desigualdades sociales existentes.
¿Qué se puede hacer en educación para afrontar la desigualdad? Algunas de las políticas y estrategias de una educación de calidad inclusiva que afronte la desigualdad se centran en afrontar la diversidad en el aula y huir de la estandarización que perjudica a aquellos que está en situación de desventaja. Resulta fundamental asegurar la gratuidad de la enseñanza, incluyendo matrículas y costes indirectos (libros, transportes, materiales, uniformes), que suponen muchas veces obstáculos insuperables para las familias más pobres; y aplicar becas o incentivos para estudiantes pertenecientes a colectivos desfavorecidos.  En muchos países de América Latina, de hecho, los sistemas de protección social han vinculado las prestaciones a familias pobres con la asistencia a la escuela de sus hijas e hijos.
Otro aspecto importante es ampliar la cobertura de la educación preescolar, que favorece la posterior educación integral de los niños y niñas más desfavorecidos y previene el fracaso escolar. Asimismo, hay que  apostar por el profesorado, mediante formación, motivación y remuneración adecuadas, y conceder incentivos para que docentes con más experiencia enseñen en niveles preescolares y primarios y en zonas y regiones más pobres. Hay que derribar los obstáculos a la inclusión, con escuelas accesibles y seguras, cultural y lingüísticamente sensibles o con currículos flexibles y adecuados.  La implicación de la comunidad y del propio alumnado en la escuela posibilita mayor compromiso, detección y participación en la solución de problemas y adecuación de la escuela a sus necesidades, entre otras cosas.
Finalmente, es fundamental contar con financiación adecuada.  Tal y como señala UNESCO, hay actualmente un déficit anual de 26.000 millones de dólares para la educación básica de los países menos desarrollados.  Los Estados deben asignar el 20% de sus presupuestos nacionales o el 6% de su Producto Interior Bruto a educación básica, y distribuirlos de manera equitativa, asignando más presupuestos a aquellas regiones y estudiantes con menos recursos.
Además, debe aumentarse la Ayuda oficial al desarrollo internacional en educación básica y complementarse con la puesta en marcha de una tasa sobre transacciones financieras, de la que un porcentaje se destine a educación. Urge, en consecuencia,  la reconsideración de la educación no como gasto, sino como  inversión. No hay mejor inversión que una educación de calidad, inclusiva, equitativa, transformadora, que posibilita sociedades más equitativas, justas y prósperas. Porque, como también señalaba Nelson Mandela, “la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”.

Prepárate para lo que va a venir


"NO HAY QUE CONFORMARSE CON MENOS DE LO POSIBLE Hay muchas batallas, muchos momentos en los que la vida se va a hacer cuesta arriba. Hay algunos conflictos que nacerán de las distintas convicciones, las incomprensiones y las diferentes miradas que tenemos sobre el mundo. Hay otros que nacerán de nuestra propia ambigüedad y contradicción, que nos lleva a querer al mismo tiempo una cosa y la contraria. Habrá, consecuencia de todo ello, momentos de desvelo, noches mal dormidas, palabras equivocadas e hirientes. Habrá incertidumbre y desasosiego, y probablemente alguna renuncia necesaria. Habrá decisiones complicadas, y meteremos la pata más veces de las que querríamos. Pero sería bien triste una historia sin batalla, un tiempo sin incidentes y un camino sin cuestas. Es parte de lo que le da a la vida su valor y su sentido. Es más, la alegría verdadera tiene que ver también con la capacidad de afrontar estas batallas inciertas." JM Rodríguez Olaizola Los forjadores de historias.

EL MUNDO ES DE TODOS

jueves, 12 de febrero de 2015

AYÚDAME, SEÑOR


Ayúdame a hacer silencio, Señor,
quiero escuchar tu voz.
Toma mi mano,
guíame al desierto,
para que nos encontremos a solas, Tú y yo.

Necesito contemplar tu rostro,
me hace falta sentir el calor de tu voz,
caminar juntos...
y callar, para que Tú hables.

Me pongo en tus manos, quiero revisar mi vida,
descubrir lo que tengo que cambiar,
afianzar lo que anda bien,
sorprenderme con lo nuevo que me pides.

Ayúdame a dejar a un lado las prisas,
las preocupaciones que llenan mi cabeza,
y barre mis dudas e inseguridades.
Quiero compartir mi vida y revisarla a tu lado,
y descubrir el cambio que Tú me pides.

Me tienta la seguridad, el “saberlas todas”,
hasta el punto de no necesitarte,
porque creo tener todas las respuestas.

Me tienta el activismo:
hay que hacer, hacer y hacer,
y me olvido del silencio,
descuido la oración,
y la escucha de tu Palabra…
la dejo para cuando haya tiempo.

Me tienta la incoherencia:
hablar mucho y hacer poco.
Intento mostrar una fachada agradable,
pero dentro,
donde Tú y yo conocemos,
sé que tengo mucho que cambiar.

Me tienta ser el centro del mundo,
que los demás giren a mi alrededor,
que me sirvan, en lugar de servir.

Me tienta la idolatría: fabricarme un ídolo
con mis proyectos, mis convicciones,
mis certezas y conveniencias,
y ponerle a todo tu nombre, mi Dios.
No será el becerro de oro, pero se le parece.

Me tienta la falta de compromiso:
es más fácil pasar de largo
que bajarse del caballo y hacer de buen samaritano.
¡Hay tantos caídos a mi lado, Señor,
y yo me hago el distraído!

Me tienta la falta de sensibilidad:
el no tener compasión,
acostumbrarme a que otros sufran,
y tener excusas, razones, explicaciones…
y que no tienen ningún parecido con tu Evangelio,
pero que a mí me tranquilizan.

Me tienta el separar la fe y la vida:
leer los periódicos, ver las noticias…
sin indignarme evangélicamente
por la ausencia de justicia y la falta de solidaridad.

Me asusta mirar la realidad desde las claves del Reino.
Me acecha la tentación de alejarme
de cuanto suponga compromiso,
de cuanto suponga empeñarme
por un mundo más justo y humano.
Me tienta el tener tiempo para todo
menos para lo importante.

Me tienta, Señor, el desaliento,
lo difícil que a veces se presentan las cosas.
Me tienta la desesperanza, la falta de utopía.
Me tienta el dejarlo para mañana,
cuando hay que empezar a cambiar hoy.

Me tienta creer que te escucho
cuando solamente escucho mi voz.
¡Enséñame a discernir!
Dame luz para distinguir tu rostro.
Llévame al desierto, Señor,
despójame de lo que me ata,
sacude mis certezas y pon a prueba mi amor.

Para empezar de nuevo,
humilde, sencillo y con fuerza,
dame tu Espíritu bueno
que renueva, desde la raíz, todas las cosas.